Hoy es viernes y nos la vamos a llevar leve, nada de racismo,xenofobia, o isabel pantoja.Hoy voy a postear algo ni mas ni menos que de el amor, pero visto desde el punto de vista de la química que no por eso deja de ser sumamente interesante.
Para explicar esto nadie mejor que un experto El psiquiatra José Miguel Gaona no dice que lo que llamamos amor tiene una explicación más prosaica o científica que la que nos dan los poetas. El estudio orgánico del amor lo entiende como un proceso enteramente bioquímico.
Se trata de la conjunción de una serie de descargas neuronales y reacciones químicas que se producen en nuestro organismo. Procesos en los que las endorfinas, hormonas que generan una fuerte adicción y dependencia por el placer y bienestar que provocan, juegan un papel fundamental. Nada más acertado cuando decimos que se ha producido la "química del amor" o que entre dos personas "hay chispa". Los químicos saben que en ese momento se producen más endorfinas. Sin embargo, no se sabe por qué se produce esa subida o qué la provoca.
El amor romántico es un sentimiento que, más que con el corazón, tiene que ver con el cerebro. Es ahí donde se provocan la orepinefrina, la dopamina y la feniletilamina (tipos de endorfinas). Así, cuando pensamos que nos estamos enamorando, en realidad, sucede que estas hormonas están actuando como neurotransmisores para aumentar la sensación de placer que experimentamos al estar cerca del ser objeto de nuestro enamoramiento.
Nos advierte Gaona que "ese pelotazo químico tiene fecha de caducidad". La locura de la pasión igual que viene se va desvaneciendo dando paso a un amor más sosegado. La acción bioquímica decae con el tiempo, la producción y efecto de las endorfinas, a las que nos hemos "enganchado", disminuye y su ausencia provoca esa sensación de desenamoramiento y consiguiente frustración.
¿Qué hacer entonces? El consejo que nos da el psiquiatra es evitar que el amor se base únicamente en la química y la adicción a las endorfinas. ¿Cómo? Desarrollando vínculos socioculturales con nuestra pareja (intereses mútuos, costumbres comunes,...) y de afecto.
Para ilustrarlo uno de mis videos y canciones favoritas (me pone de muy buen humor)
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viernes, 2 de noviembre de 2007
lunes, 29 de octubre de 2007
El resentimiento púbico.
Nos hemos metido en el tuétano una sarta de mentiras y por eso, la verdad suele presentarse ante nosotros de las maneras más radicales y absurdas. Resulta que en alguno de los casos, eres una persona, de estas que podemos decir normal, con virtudes y defectos, defectos que en alguna circunstancia te sientes capaz de superar a punta de puro deslumbramiento ante un hermosísimo ser, como lo es cualquier otro que parece capaz de tolerarlos, igual que tú, con tal de no estar solo.
Y resulta que has hecho lo indicado por la norma general, esa que establece la publicidad, por ejemplo, que has hecho de tu parte para empatar con el molde establecido y en ello te ha ido aprender cortesías y fórmulas triviales y tribales de trato con el sexo opuesto; pero cuando no encuentras correspondencia entre la pareja y el molde correspondiente, según lo recuerdas, sueles entender que tu pareja es incapaz de cumplir con dicho molde y esas incapacidades se vuelven defectos insuperables para la relación que te has planteado, y todo apunta a la traición. Casi siempre, en estas confrontaciones entre nuestros planes, nuestros programas (casi siempre de televisión) y nuestra realidad, olvidamos que en el proyecto, además de un esfuerzo casi diabólico por cumplir, hemos aplicado un poco de otras fórmulas que nos vienen del ejemplo de nuestra pareja de padres como sea que nos haya tocado y de nuestras relaciones con otros sujetos en quienes quizá no empeñamos tantas esperanzas como en este cuerpo de la decepción. Y le odiamos. Odiamos al otro o la otra como si fuera el único contenedor de la ineptitud y del desgaste que con tanto esfuerzo, aunque no lo reconozcamos, hemos conseguido. El amor tendría que ser más fácil, ¿o no? .PAULA
Y resulta que has hecho lo indicado por la norma general, esa que establece la publicidad, por ejemplo, que has hecho de tu parte para empatar con el molde establecido y en ello te ha ido aprender cortesías y fórmulas triviales y tribales de trato con el sexo opuesto; pero cuando no encuentras correspondencia entre la pareja y el molde correspondiente, según lo recuerdas, sueles entender que tu pareja es incapaz de cumplir con dicho molde y esas incapacidades se vuelven defectos insuperables para la relación que te has planteado, y todo apunta a la traición. Casi siempre, en estas confrontaciones entre nuestros planes, nuestros programas (casi siempre de televisión) y nuestra realidad, olvidamos que en el proyecto, además de un esfuerzo casi diabólico por cumplir, hemos aplicado un poco de otras fórmulas que nos vienen del ejemplo de nuestra pareja de padres como sea que nos haya tocado y de nuestras relaciones con otros sujetos en quienes quizá no empeñamos tantas esperanzas como en este cuerpo de la decepción. Y le odiamos. Odiamos al otro o la otra como si fuera el único contenedor de la ineptitud y del desgaste que con tanto esfuerzo, aunque no lo reconozcamos, hemos conseguido. El amor tendría que ser más fácil, ¿o no? .PAULA
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