Nos hemos metido en el tuétano una sarta de mentiras y por eso, la verdad suele presentarse ante nosotros de las maneras más radicales y absurdas. Resulta que en alguno de los casos, eres una persona, de estas que podemos decir normal, con virtudes y defectos, defectos que en alguna circunstancia te sientes capaz de superar a punta de puro deslumbramiento ante un hermosísimo ser, como lo es cualquier otro que parece capaz de tolerarlos, igual que tú, con tal de no estar solo.
Y resulta que has hecho lo indicado por la norma general, esa que establece la publicidad, por ejemplo, que has hecho de tu parte para empatar con el molde establecido y en ello te ha ido aprender cortesías y fórmulas triviales y tribales de trato con el sexo opuesto; pero cuando no encuentras correspondencia entre la pareja y el molde correspondiente, según lo recuerdas, sueles entender que tu pareja es incapaz de cumplir con dicho molde y esas incapacidades se vuelven defectos insuperables para la relación que te has planteado, y todo apunta a la traición. Casi siempre, en estas confrontaciones entre nuestros planes, nuestros programas (casi siempre de televisión) y nuestra realidad, olvidamos que en el proyecto, además de un esfuerzo casi diabólico por cumplir, hemos aplicado un poco de otras fórmulas que nos vienen del ejemplo de nuestra pareja de padres como sea que nos haya tocado y de nuestras relaciones con otros sujetos en quienes quizá no empeñamos tantas esperanzas como en este cuerpo de la decepción. Y le odiamos. Odiamos al otro o la otra como si fuera el único contenedor de la ineptitud y del desgaste que con tanto esfuerzo, aunque no lo reconozcamos, hemos conseguido. El amor tendría que ser más fácil, ¿o no? .PAULA
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lunes, 29 de octubre de 2007
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